viernes, 30 de septiembre de 2016

Enid Blyton, la Condesa de Ségur y Hergé, también tienen derechos morales como autores


Desde hace tiempo el interesantísimo blog sobre el mundo del libro, Nido de ratones, de Paula F. Bobadilla publica una serie de entrevistas centradas en la lectura, la literatura infantil y juvenil y las nostalgias varias de cómo los distintos entrevistados comenzaron su pasión por los libros. Todas ellas terminan con una pregunta:  "Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?".
Me sorprendió este asunto, porque pensaba que las nuevas ediciones de Los cinco o de Torres de Malory solo se limitaban a modernizar las ilustraciones (hemos pasado de dibujos estilo Norman Rockwell a otros que rozan el manga japonés) o las expresiones arcaicas. 
En El Club de los Cinco junto al mar, aparecía una escena, en el capítulo V, en la que los famosos protagonistas iban a misa. ¡Qué horror! Afortunadamente la nueva versión cambia esa visita a un lugar claramente inadecuado por un paseo por el mercado.
La descripción de la misa y del párroco dejan su lugar a las legumbres, las verduras y los pollos: “Su sermón, muy sencillo, parecía emocionar a cada uno de los fieles en particular. Él les conocía bien a todos, era su amigo“, leíamos en la versión aún editada en 2000, ahora el pasaje se convierte en “Mme. Elouan conocía bien al carnicero pues era él quien se encargaba de vender las gallinas de su granja“. Como ven, un gran progreso.
Por tanto claramente estamos ante lo que según la Ley de Propiedad Intelectual califica de violación del derecho moral del autor a la integridad de la obra (derecho que por cierto no caduca, como los de explotación que sí lo hacen a los 80 años de la muerte del autor), por no hablar de la "estafa" que supone ofrecer una obra que no es la original. 
Por tanto es el autor, o en su caso los derechohabientes (es el caso de la Blyton y los demás casos que plantea Soley), los que pueden llevar a cabo las acciones necesarias para proteger la obra.  
Desconozco los detalles de los contratos de edición de las obras citadas, y si puede existir alguna cláusula en las que faculte al editor la posibilidad de modificar de este modo la obra, pero la Ley es clara respecto de los derechos morales: son irrenunciables.